Hay pocas siglas que asusten tanto en una reunión como estas cuatro letras, el WACC, porque suenan a examen de máster y a hoja de cálculo interminable, y sin embargo detrás de ellas se esconde una idea de sentido común que cualquier persona que dirija un negocio entiende en cuanto se la cuentas despacio, que es sencillamente que el dinero no es gratis y que hasta el dinero que crees que es tuyo tiene un coste. El WACC, que en español llamamos coste medio ponderado del capital, no es más que la respuesta a una pregunta muy terrenal, la de cuánto te cuesta de media el dinero con el que funciona tu empresa, y por eso me gusta quitarle el traje de fórmula y explicarlo como lo que es, la vara de medir con la que sabes si una inversión merece la pena o si te estás engañando con un beneficio que en realidad no crea valor.

La intuición de partida es que el dinero que mueve tu empresa nunca viene de un solo sitio, porque una parte te la prestan los bancos en forma de deuda y otra parte la ponen los socios en forma de recursos propios, y esas dos fuentes ni cuestan lo mismo ni pesan lo mismo dentro del total, así que no puedes hablar de un único coste del dinero sin hacer una media que tenga en cuenta cuánto aporta cada una. Esa media, ponderada por el peso de cada fuente, es exactamente el WACC, y una vez lo ves así deja de ser un acrónimo hostil para convertirse en algo tan concreto como el interés medio que paga tu negocio por respirar.

El dinero viene de dos bolsillos y cada uno cuesta distinto

Para entender el WACC hay que tener clara una idea que mucha gente no se ha parado a pensar nunca, y es que los recursos propios también cuestan, aunque no veas salir ese coste por ninguna cuenta del banco. La deuda es la parte fácil, porque su coste lo tienes delante en el cuadro de amortización: es el tipo de interés que le pagas al banco, y además tiene una ventaja que luego veremos, que es que los intereses desgravan y por tanto el Estado te devuelve una parte vía impuestos. El coste de los recursos propios es más escurridizo porque no aparece en ninguna factura, pero existe igual, y es la rentabilidad que los socios esperan por haber metido su dinero en tu empresa en lugar de en otra cosa, un coste de oportunidad que suele ser más alto que el de la deuda precisamente porque el socio asume más riesgo que el banco, ya que cobra el último y solo si sobra.

La fórmula, contada sin miedo

Con esas dos piezas en la mano la fórmula se explica sola, porque el WACC no es más que sumar el coste de cada fuente multiplicado por el peso que esa fuente tiene sobre el total de financiación. Coges el coste de los recursos propios y lo multiplicas por la proporción que representan los recursos propios sobre todo el dinero que usa la empresa, haces lo mismo con la deuda multiplicando su coste por su peso, y sumas las dos partes. El único matiz que añade la fórmula es que a la parte de la deuda le aplicas el ahorro fiscal, es decir, la multiplicas por uno menos el tipo impositivo, porque como los intereses reducen tu beneficio y por tanto tus impuestos, el coste real de esa deuda para ti es menor que el interés nominal que figura en el contrato.

Un ejemplo con números

Imagina una empresa que se financia con 600.000 de recursos propios y 400.000 de deuda, es decir, un millón en total, del que los propios pesan un 60 por ciento y la deuda un 40. Supongamos que los socios esperan una rentabilidad del 12 por ciento por su dinero, que el banco cobra un 6 por ciento por la deuda y que el impuesto de sociedades es del 25 por ciento. Con esos datos el WACC sale solo.

Fuente de financiaciónCálculoAporta al WACC
Recursos propios (60%)0,60 × 12%7,20%
Deuda (40%), ya con el ahorro fiscal0,40 × 6% × (1 − 0,25)1,80%
WACC (suma de las dos partes)7,20% + 1,80%9,00%

Con estos pesos y estos costes, a la empresa el dinero le cuesta de media un 9% al año, y ese es el listón que tiene que superar cualquier inversión.

Léelo despacio, porque en esa tabla está toda la historia: a esta empresa el dinero le cuesta de media un 9 por ciento al año, y fíjate en el detalle de la deuda, porque aunque el banco cobra un 6 por ciento, el ahorro de impuestos lo deja en un coste efectivo del 4,5, que ponderado por su peso apenas suma 1,80 puntos al total. Ese 9 por ciento es la cifra que de verdad importa, porque a partir de aquí ya tienes una referencia con la que juzgar cualquier decisión de inversión sin engañarte, y ese razonamiento de mirar la estructura de deuda y recursos propios es el mismo que utilizo cuando explico cómo leer un balance, porque el balance es justo el mapa que te dice de qué bolsillos sale el dinero de tu empresa.

Para qué usas el WACC de verdad

Y llego a la parte que a mí me interesa, porque calcular el WACC sin saber para qué sirve es como afilar un cuchillo y no cortar nada, y este número tiene dos usos que valen su peso en oro. El primero es como listón de rentabilidad para decidir inversiones, y aquí está la idea que más me gusta transmitir, porque un proyecto que da beneficio contable puede estar destruyendo valor si rinde por debajo de tu WACC, ya que estarías ganando menos de lo que te cuesta el dinero que lo financia, de modo que solo las inversiones que rinden por encima de ese 9 por ciento del ejemplo crean valor de verdad. El segundo uso es como tasa de descuento para valorar, porque cuando quieres saber cuánto vale una empresa por descuento de flujos de caja, el WACC es precisamente la tasa con la que traes al presente esos flujos futuros, y es exactamente la pieza que conecta este artículo con cuánto vale mi empresa, donde el descuento de flujos cobra sentido solo si antes sabes a qué tasa descontar.

Conviene además no perder de vista de dónde salen los flujos que luego vas a descontar, porque la valoración por descuento parte casi siempre de una medida de rentabilidad operativa como el EBITDA, que te dice lo que genera el negocio antes de la financiación y los impuestos, y sobre esa base es donde el WACC hace su trabajo trayendo el futuro al presente. Por eso me gusta enseñarlos juntos y no por separado, porque el EBITDA te dice cuánto genera la empresa, el WACC te dice cuánto cuesta el dinero que la sostiene, y solo cuando cruzas ambas cosas eres capaz de decir si el negocio crea o destruye valor, que al final es la única pregunta que de verdad le importa a quien dirige.

Lo que el WACC no te está diciendo

No quiero dejarte con la idea de que el WACC es una verdad matemática cerrada, porque tiene sus trampas y conviene conocerlas antes de tomártelo demasiado a pecho. La más importante es que el coste de los recursos propios es siempre una estimación, no un dato que puedas leer en ningún sitio, y pequeñas diferencias en esa estimación mueven bastante el resultado final, así que dos analistas razonables pueden calcular WACC distintos para la misma empresa sin que ninguno esté haciendo trampa. La segunda trampa es que el WACC supone que tu mezcla de deuda y recursos propios se mantiene estable, cuando en la vida real esa proporción cambia según te endeudas o amortizas, y con ella cambia el propio WACC, de modo que es una foto del momento y no una constante grabada en piedra.

Lo que quiero que te lleves de aquí

El WACC es el coste medio del dinero que usa tu empresa, y se calcula ponderando el coste de los recursos propios y el coste de la deuda por el peso que cada uno tiene en tu financiación, sin olvidar que la parte de la deuda va rebajada por el ahorro de impuestos. Para mí es una de las cifras que más disciplina te dan como directivo, porque te obliga a recordar que hasta el dinero de los socios cuesta y que ningún proyecto merece la pena solo por dar beneficio, sino que tiene que rendir por encima de lo que te cuesta financiarlo. Úsalo como listón para decidir inversiones y como tasa para valorar, pero recuerda que lleva dentro estimaciones y supuestos, así que trátalo como una brújula muy útil y no como un GPS infalible, y el día que interiorices que el dinero nunca es gratis vas a mirar cada inversión de tu empresa con otros ojos, mucho más exigentes y mucho más rentables.