Cuando alguien me pide que analice financieramente su empresa, o la de un tercero que quiere comprar, lo primero que hago es quitarle hierro a la expresión, porque análisis financiero suena a informe de doscientas páginas lleno de tablas que nadie lee, y en realidad no es más que sentarse delante de los números de un negocio y hacerles, en un orden concreto, tres o cuatro preguntas de las de toda la vida hasta entender cómo respira esa empresa. Llevo más de veinte años haciendo exactamente eso para clientes muy distintos, desde talleres familiares hasta compañías que se iban a vender, y con el tiempo he depurado un método que no cambia según el tamaño, porque las preguntas de fondo son siempre las mismas y lo único que se complica es el detalle de las respuestas.

Lo que quiero que tengas claro antes de empezar es que la parte difícil no son los cálculos. Cualquier programa te suelta los ratios y los márgenes en un segundo, y ahí no has hecho nada todavía, porque el trabajo llega cuando coges esas cifras y las lees en su contexto para decir si la empresa va bien, va mal o va camino de un problema. Por eso lo que te pido no es que memorices fórmulas, sino que aprendas a mirar en el orden correcto, y ese orden empieza siempre por lo mismo, por saber si el negocio gana dinero.

Paso 1: ¿gana dinero? La cuenta de resultados

El primer documento que abro es siempre la cuenta de resultados, porque me cuenta en forma de película lo que ha pasado durante el año, y la leo de arriba abajo como una cascada que arranca en las ventas y va restando gastos por bloques hasta el beneficio final. Lo que busco aquí no es solo el resultado de la última línea, sino cómo se ha llegado hasta ella, es decir, qué margen deja la actividad antes de intereses e impuestos, cuánto pesan los gastos de estructura o si el beneficio viene de vender más o de haber recortado. Si quieres el detalle de cómo se recorre esa cascada escalón por escalón lo tienes en cómo leer un estado de resultados, que es la base de todo lo que viene después.

Paso 2: ¿qué tiene y cómo se financia? El balance

Con la rentabilidad ya entendida paso al balance, que es la foto fija del patrimonio de la empresa en un día concreto, y aquí cambio el chip por completo, porque ya no miro lo que ha ganado sino lo que tiene y lo que debe. Me fijo en dos cosas sobre todo, en la estructura del activo, para ver si el dinero está invertido en cosas que producen o atrapado en existencias y clientes que no pagan, y en la estructura de la financiación, para ver cuánto se sostiene con recursos propios y cuánto con deuda, porque ahí se esconde buena parte del riesgo. Aprender a leer esa foto es más sencillo de lo que parece, y lo explico sin tecnicismos en cómo leer un balance sin ser contador.

Paso 3: ¿genera dinero de verdad? El flujo de caja

El tercer paso es el que más disgustos evita y el que más gente se salta, mirar el flujo de caja, porque una empresa puede presumir de beneficio en la cuenta de resultados y estar asfixiada de tesorería al mismo tiempo, y ese desajuste entre lo que se gana sobre el papel y el dinero que realmente entra en la cuenta es la causa número uno de que negocios rentables terminen cerrando. Yo no me fío de ningún beneficio hasta que compruebo que se convierte en caja, y ese es justo el fenómeno que desmenuzo en por qué tienes beneficios pero no dinero, una lectura que cambia la forma de mirar cualquier empresa.

Paso 4: los ratios, pero solo unos pocos

Solo cuando tengo las tres piezas leídas me pongo con los ratios, y aquí conviene ser muy disciplinado, porque la tentación de calcular treinta indicadores es grande y casi siempre contraproducente. Con cuatro me basta para tener una radiografía, uno de liquidez para saber si puede pagar a corto, uno de endeudamiento para saber cuánto depende de la deuda, uno de rentabilidad para saber qué le saca al dinero invertido y uno de eficiencia para saber cómo de rápido cobra y paga. Cada uno de esos cuatro lo explico con ejemplos en el artículo de ratios financieros, y la clave, insisto, está en compararlos con la historia de la empresa, con su sector y con sus objetivos, porque el mismo ratio puede ser una buena noticia en una empresa y una alarma en otra.

Paso 5: comparar, que es donde nace el criterio

Aquí está el paso que separa un análisis de verdad de un montón de cifras bonitas, y es que ningún número significa nada hasta que lo pones al lado de otro. Un margen del ocho por ciento no es bueno ni malo en abstracto, pero si el año pasado era del doce hay una historia detrás que hay que entender, y si tus competidores están en el quince tienes un problema de competitividad, así que siempre miro cada cifra contra tres referencias, contra la evolución de la propia empresa en los últimos años, contra los valores típicos de su sector y contra los objetivos que se había marcado. De esa triple comparación es de donde salen las conclusiones que de verdad sirven para decidir.

PasoPregunta que respondeDónde lo miras
1. Rentabilidad¿Gana dinero?Cuenta de resultados
2. Estructura¿Qué tiene y cómo se financia?Balance
3. Tesorería¿Genera dinero de verdad?Flujo de caja
4. Ratios¿Cómo está de salud?Los cuatro grupos
5. Comparación¿Va mejor o peor?Historia, sector y objetivos

El método en cinco pasos: cada uno responde a una pregunta y se apoya en el anterior.

El error que veo una y otra vez

Si tuviera que señalar el fallo que más se repite cuando alguien sin método se pone a analizar una empresa, es que se enamora de un solo número, casi siempre el beneficio o la cifra de ventas, y monta toda su opinión sobre esa cifra ignorando el resto. He visto tomar decisiones de compra por una buena cuenta de resultados que escondía un balance lleno de deuda y una tesorería en números rojos, y he visto descartar negocios sanos por un año malo puntual que el análisis completo explicaba sin problema. Analizar bien es precisamente resistir esa tentación de la cifra única y obligarte a recorrer las cinco preguntas hasta que la película completa tiene sentido.

Comprueba en dos minutos qué tan bien lees tus números

Un test corto de ocho preguntas. No hace falta que te sepas ningún ratio: respondes, y al final te digo dónde estás y qué te conviene hacer.

Hacer el test →

Según cómo te salga, el propio test te lleva al curso de Finanzas para Directivos, donde aprendes a hacer este análisis completo con las cuentas de tu propia empresa delante, paso a paso y sin jerga.

Lo que cambia cuando lo interiorizas

Después de más de veinte años haciendo esto, lo que de verdad me sigue sorprendiendo es lo rápido que cambia tu forma de mirar un negocio en cuanto dejas de leer los números de uno en uno y empiezas a verlos como escenas de la misma película. Con este recorrido metido en la cabeza puedes abrir las cuentas del negocio que sea, el tuyo o el de un tercero que estés pensando en comprar, y hacerte una idea seria de cómo respira en lo que dura un café, que es justo la soltura que separa al que dirige de verdad del que va a remolque de lo que le cuenten.